¡Qué bonita resultas al estornudar!


Podéis pensar que la chica del gorro de Moscú es un poco obsesiva, pero es que mire a donde mire siempre aparece ese chico de la sonrisa bonita. El otro día se quedó sola durante unos segundos y, ¿a que no sabéis quien estaba al otro lado de la calle sin quitarle ojo de encima mientras caminaba? Exacto, lo has adivinado. Él la miraba fijamente, quizás intentando averiguar qué diantres hacía sola si la acababa de ver bien acompañada. La chica del gorro de Moscú se dio cuenta de cómo la miraba, de esa forma con la que él parecía pedirle que se diera a conocer un poco más, pero en un acto de timidez ella bajó la cabeza, se dio la vuelta y comenzó a andar con una estúpida sonrisa pintada en sus labios.

¡Pero ahí no se acaba la cosa! En un lugar cuyo nombre no recuerda la chica (qué le vamos a hacer, el secretismo se ha adueñado de su vida y parece que le encantan los secretos), nada más elevar su mirada volvió a verle. Parecía estar ocupado pero cuando sus miradas se encontraron, el rostro del chico mudo y si convirtió en una muda pregunta; ¿qué estaba haciendo ella allí? Por dos o tres veces la chica del gorro de Moscú sintió la necesidad de girarse hacia donde se encontraba el chico y sus miradas se enlazaron de nuevo. ¡Qué tontería, seguramente estés pensando! Probablemente sólo se trate de una coincidencia pero para la chica las coincidencias no existen, prefiere creer en el Destino.

Éste quiso que se encontraran un rato más tarde y alguna alergia extraña hizo que la chica del gorro de Moscú comenzara a estornudar de nuevo (si es que llevaba todo el día estornudando, pero quiso su mala suerte que fuera justo en aquel momento cuando comenzara de nuevo su ataque de estornudos). No se percató de que el chico se había parado justo a su lado y que la miraba divertido hasta que comenzó a hablar.

-¡Qué bonita resultas al estornudar! –la chica levantó la cabeza y le fulminó con la mirada. Nadie, absolutamente nadie resultaba bonito al estornudar-. No pongas esa cara, mujer, que es verdad. Te salen unas arruguitas preciosas junto a los ojos y el taparte con las manos te hace parecer una niña pequeña que se esconde después de hacer una trastada.

La chica se rió suavemente y luego negó con la cabeza.

-Parezco una patata al estornudar –dijo volviendo a reír y se quedó mirando los ojos del chico durante unos segundos.

-Vaya, entonces tendré que prohibir terminantemente el consumo de patatas en todo el mundo. ¡Quién sabe si algún día los chicos del McDollars estén escasos de patatas y vayan a por ti! –ambos rieron por el cambio que le había hecho el chico a la conocida marca de restaurantes de comida rápida-. En fin, no sé cómo lo haces, pero siempre apareces y desbarajustas todos mis planes –le dijo con esa sonrisa.

-¿Qué es lo que he hecho? –le preguntó la chica del gorro de Moscú con preocupación.

-Con tu pregunta me acabas de obligar a invitarte a otro chocolate calentito para ver si se te pasa ese infernal catarro –le contestó divertido.

-Oh, entonces te preguntaré eso más a menudo –en ese momento la chica del gorro de Moscú cae en la cuenta de algo-. ¡Catarro, que idiota soy! Pensé que estaba desarrollando una extraña alergia hacia ti –le dijo riendo de nuevo y ambos comenzaron a andar aun entre risas.
Compartir:     Facebook Twitter

5 comentarios:

  1. Que bonito,tiene buena pinta esta historia de la niña del gorro de moscú :) cuando se juntan chocolate caliente y alergías encontradas ...(L)

    besitoss

    ResponderEliminar
  2. Laura, es precioso!!!!!

    ResponderEliminar
  3. Yo hoy fui una chica con gorro de moscú y cara de ¡Vaya frío que tengo en la punta de la nariz!



    (un mimo
    y un caramelo
    de limón)

    ResponderEliminar
  4. Sí, creo que es totalmente imposible ser alérgica a ese chico :)

    ResponderEliminar

¡No muerdo, comenta!