Sabine te mira con ojos felinos


Veo que has vuelto por aquí, que el imán de este antro funciona jodidamente bien, como dicen algunos. Las miradas se vuelven a centrar en ti. Todos te miran de arriba abajo, observando si puedes ser una buena pesca, un lío de una noche o incluso el padre de sus hijos; te lo aseguro. Aun así, se te ve joven, fuerte y bastante atractivo para los ojos femeninos que se posan sobre ti, pero hay un par de ellos que sientes como te traspasan; en efecto, Sabine se ha fijado en ti. No es fácil que pases desapercibido, tu pelo pelirrojo despeinado al son de la música y esos dos abismos grises no es algo que se vean todos los días. Sin querer (o queriendo), te giras lentamente y centras tu mirada en los ojos de Sabine. Mala elección, cariño, acabas de caer rendido a sus pies. Ella te sonríe de esa forma que solamente los Dioses le han enseñado a ella y se acerca lentamente hacia ti, sin dejar de clavar sus ojos en ti.
-Te diré a quien te puedes acercar y a quien no por aquí –te dice con esa sonrisa-. Esa no, ese tampoco, esa definitivamente no, esa ni soñarlo… -dice señalando a diferentes personas en el local.

-Sería más fácil que me dijeras a quien me puedo acercar –le dices con ese tono seductor ensayado durante años.

-Solamente a mí, por lo menos durante esta noche, Gaël –te contesta riendo.

Levantas una ceja pero erróneamente vuelves a clavar tu mirada en sus ojos brillantes.

-Ven –dice llevándote hacia la esquina de la barra donde estaba sentada y está claro que no puedes hacer nada por resistirte al poder de su mirada.

-¿Sabes qué es lo que más me gusta cuando conozco a una persona? –te pregunta con una sonrisa inocente mientras se sienta en el taburete con un pequeño salto-. Que me cuenten con palabras la forma exacta de cómo besan. Te advierto que si mientes o lo haces mal, te puedes olvidar de mí; de la misma forma te digo que nadie ha superado la prueba jamás.

Le miras con cara de superioridad fingida y te acercas para susurrarle al oído, dejando apartado el atronador ruido de la música por unos segundos.

-No te lo puedo decir, mis labios nunca han besado a Sabine, la chica de mirada felina y no sé como van a reaccionar.

Sin más, dejas volar tus labios hasta la comisura de los de ella y como si se conocieran de siglos atrás se juntan en un voraz abrazo, presos de una nostalgia abrasadora que no deja escapar ni una pizca de pasión. La dejas de besar y te observa con una mirada ardiente tres segundos.

-Has mentido –la miras bastante sorprendido-. ¿Has olvidado cuando me besaste bajo la lluvia una mañana de enero hará cuatro años?

Él. Ella. Reunidos en el lugar menos esperado, pero, ¿lo habías olvidado? Llevas ese imán en tu alma que te ha traído directo aquí, al Boulevard 211 en el cuál en este instante está entrando una mujer de largos y ondulados cabellos rubios que rápidamente ocupa la mente de Patrick con un solo pensamiento. Mía.
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4 comentarios:

  1. A veces unos nos acordamos de algo que creemos muy importante y los demas no, escuece un poco la verdad.

    Besos

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  2. Las miradas felinas me dan ganas de domesticar personas.



    (un miau
    con el té)

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  3. Sí, esa una sensación que no me gusta nada, que algo que para ti fuese importante otra persona lo olvide con tanta facilidad.

    Son indescriptibles los ojos de Sabine :)

    ¿Y se dejan domesticar, Dara? :)

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