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Es difícil dejar de buscar algo que quiero, intentar no pensar en ello y dejar que las cosas sigan su camino. Muy difícil no intentar forzar las cosas, aunque solo sea un poco, a que haya una respuesta.

Pero por regla general no suele haberla, aunque me empeñe en verlas en todas partes.

Ains.

También me ha resultado un poco extraño pasar tanto tiempo "juntos", más bien compartiendo el mismo aire.
Y vaya golpe más feo tenia Mar ayer. Que mal.

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121/365

Es curioso como a veces la gente parece sincronizarse, que estés pensando en ello y al cabo de un rato ¡pof!
Quizás tampoco sea tal coincidencia porque también nosotros provocamos que surja tal acontecimiento. Fingiendo ser sin querer pero queriendo. 

Es la magia de ser un pillo (o una pilla en este caso). Y creo que se me da bien esto. 

Y hoy he vuelto a ver al mar pero es que yo no soy nada de playa. 
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110/365

Había pensado una y mil veces las palabras que te diría si se volvía a encontrar contigo. Las había recitado mientras estaba en cama, antes de dormirse pero cuando tuvo la oportunidad de hacerlo no fue capaz porque la situación así no lo quiso.
Te hubiese dicho hola, con una mejilla más sonriente que la otra ya que solía sonreír un poco de lado. Ese hubiese sido el momento más difícil, en el que los segundos se hacen eternos y notas el cambio que se produce en tu corazón, cuando deja de latir a un ritmo normal y se desboca, amenazando con pegarse contra las costillas. Te hubiese dicho que aquello te iba a parecer un poco raro, como de película pero que te había visto un par de veces y no habías dejado de llamar su atención. Una, dos, tres veces. Aquello debía significar algo.
Y después de aquellas palabras aún vendría un instante mil veces más terrorífico que el anterior. El de la duda y la incertidumbre pues no tenía ni idea de donde podrías salir por allí.

Y en aquella respuesta se dedicaba a pasar las horas, con una y otra y otra posibilidad. Hasta que se diera la situación y ella fuese quién de decir las palabras y escuchar la respuesta verdadera. 
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108/365

Y te vi y tuve miedo, se me atragantó la comida y la vida.
Había pensado en aquel momento pero vi que no era mi oportunidad.
O esa es la parte que me quiero creer.
Que ya he dicho que es una especie de magnetismo y eso debe de significar algo.
Sísí.
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105/365

Aquella mañana fue a hacer fotocopias y nada más entrar se sintió atraída por una fuerza que la obligó a girar su mirada hacia una esquina. Era como una atracción casi gravitatoria.
Y le gustó.
Él.
Tardó en darse cuenta de quién era y lo reconoció aunque esa mañana no se bañase en el mar.
En sus ojos.
Sintió que algo especial debería de ser cuando por dos o tres veces se fijaba en la misma persona, se sentía orbitar.
Y le dio pena que se fuese, sin fijarse, sin saber ni siquiera su nombre. Pero guarda la esperanza de que vuelva, como las olas constantes del mar que acarician la playa.

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58/365

Hoy me volví a encontrar con el mar y esta vez no huyó de mí.
Al menos no al momento.
Nos volvimos a encontrar en el mismo lugar pero en diferente sitio.
Yo me entiendo.

Pero luego se fue, como se va una ola. Despacio, sin poder evitarlo.
Ni el café forzó un segundo baile de miradas.

Es una pena.
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56/365

Nos miramos entre las bandejas de la comida, durante un segundo -o quizás menos-, entre la bisectriz que formaban un vaso y una botella. Allí nos encontramos.
Luego quise forzar otra mirada y me pedí un café a la espera de encontrarme con el mar. Porque tus ojos así eran.
Y, más tarde, nuestros ojos volvían a perseguirse y a escapar corriendo cuando se encontraban, escondiendose entre una pila de apuntes solo por descansar unos segundos y volver a salir a  jugar a un pillapilla de miradas.
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