La chica del gorro de Moscú


-¿Tienes tanto frío como para llevar ese gorro? –oye susurrar a su espalda.


Se gira lentamente y ve a un chico dos años mayor que ella, con el pelo castaño y ondulado que le tapa la frente y no le permite ver sus ojos. Una pequeña barba incipiente cubre su mentón y le da un toque de madurez y edad, de la cual, la última; carece.


-Eh… No. Bueno, quizás sí –rectifica y se sonroja como una tonta.


No solía ser nada tímida, pero él la intimidaba y temía decir algo que pudiera fastidiar el momento.

-Era una duda existencial, aunque no me hayas contestado, de todas formas –dice con una pequeña sonrisa, pero por su forma nerviosa de mover las manos y su cuerpo en tensión se divisa un haz de timidez-. Espero no haberte molestado.


-¡No, no me ha molestado ni nada! –dice elevando el tono de voz hasta casi gritar.


Él la mira, analizándola por unos segundos y la chica se coloca nerviosamente el pelo. Al cabo de unos segundos una risa floja escapa de su boca mientras que él no le saca ojo de encima.


-Resultas mucho más interesante cara a cara que viéndote por los pasillos, que ya es decir. A menudo me pregunto si padeces de hiperactividad o algo similar cuando te veo gritando, saltando o haciendo cualquier cosa extraña.


Ella se sonroja y dirige la mirada a sus zapatillas. Piensa en algo coherente que decir y es extraño, ya que nunca piensa antes de hablar ni tampoco se suele sonrojar.


-Bueno, soy de mente inquieta… Pero sí, puede que también falle algo en ella –le responde-. Soy algo rara, de eso no hay duda.


-Todos somos algo diferentes, pero me da la impresión de que tú eres un modelo de “edición especial de Navidad” –tartamudea. ¿De verdad le costaba tanto hablar?


¿Estaría la mitad de nervioso que ella? ¡Dios, la chica llevaba esperando aquel día años y no era capaz de decir algo con sentido!


-Lo dudo, pero gracias de todas formas –responde y se atreve a esbozarle una tímida sonrisa.


-De nada –dice guiñándole un ojo y se da la vuelta para dirigirse a su clase-. Te parecerá una locura –dice volviendo a girarse hacia ella-, pero creo que estamos hechos el uno para el otro –dice pero de repente comienza a reírse y ella le mira curiosa-. Por favor, dime que no acabo de decir “estamos hechos el uno para le otro”. Me prometí a mí mismo que no diría eso.


Ella se une a su risa mientras que la gente que pasa a su lado no es más que un espejismo. Siente que ambos están en una especia de burbuja y que nadie puede romperla.


-No, no he oído nada de eso –le sigue el juego-. Ahora tengo yo una duda existencial –imita sus palabras-. ¿Cuánto hace que preparas esta conversación? –ríe como si estuviera en una ensoñación.


La mira fijamente a los ojos y sonríe. La chica se maravilla con las arrugas que salen junto a la comisura de sus labios y se queda observándole como una boba. De repente, aquella burbuja que había a su alrededor se rompe por culpa del fantástico sonido del timbre.


-Hasta luego, mi querida chica del gorro de Moscú –dice sin contestarle, se gira finalmente y le ve perderse entre la multitud.


La chica se tambalea un poco pero recupera la compostura. Un “hasta luego” es lo mejor que le podría haber dicho nunca, ¿por qué un “hasta luego” dicho con esa preciosa sonrisa significa que tiene pensado volver a verla, no? –piensa mientras camina hacia su clase sonriendo como una boba.
Compartir:     Facebook Twitter

8 comentarios:

  1. Quiero un gorro de Moscú para sacarlo de paseo en verano.


    miau
    con
    sonrisa
    de
    duende

    ResponderEliminar
  2. Creo que si te lo pones en verano se te van a freir las ídeas, Dara :)

    La chica del gorro de Moscú me ha dicho que lo ha comprado en Salamanca.

    ResponderEliminar
  3. La chica del gorro de Moscú es hiperactiva...

    ResponderEliminar
  4. Cuando era pequeña, su madre llegó a pensarlo porque no paraba quieta.

    ResponderEliminar
  5. Y era un gran despertador... a las 8 de la mañana cantaba...

    ResponderEliminar

¡No muerdo, comenta!